Círculo Escéptico: Asociación para la difusión del pensamiento crítico Entrar al área de socios
 

 Portada  |  Actividades  |  Documentos  |  Humor  |  Enlaces  |  Quiénes somos  |  Contacto 

Documentos > Dossier > Iker Jiménez > Libros

Dossier "Iker Jiménez"
Libros de Iker Jiménez.

La noche del miedo

La noche del miedo
(por Luis R. González Manso)

LA NOCHE DEL MIEDO
Iker Jiménez
Editorial EDAF, Madrid, 2004.

[Publicada originalmente en @nomalía, 6, 2ª época, diciembre 2006, Fundación Anomalía].

Los OVNIS ya no están de moda. Primero vimos como los escritores ufológicos más acreditados del panorama nacional se ponían a escribir de otros supuestos misterios (Javier Sierra sobre los templarios y el código Da Vinci; Carballal sobre los skinheads y las putas de alto copete; etc.) y ni siquiera J. J. Benítez nos atosiga con otro título más relatando su kilometraje. Luego, hasta la agradecida faz de los Grises acabó desapareciendo de las portadas de las revistas esotéricas. Y ahora llega el revisionismo histórico. Uno de los casos paradigmáticos de la ufología nacional del año 1976, que incluso llegó a merecer la portada de la prestigiosa Flying Saucer Review, en línea con los nuevos tiempos pierde su carácter extraterrestre (la palabra no se menciona ni una sola vez a lo largo de las 245 páginas del libro) y se une al elenco de las leyendas urbanas (interpretadas como verídicas) o de los proyectos de guerra psicológica del Tío Sam.

Siendo justos, hay que reconocer que este extraño suceso ocurrido en la madrugada del 12 de noviembre de 1976 en el interior de la Base Aérea de Talavera la Real (Badajoz) nunca encajó demasiado bien en los esquemas ufológicos tradicionales sobre visitantes alienígenas. Se trató del breve encuentro entre tres soldados de guardia y un extraño gigante resplandeciente de unos tres metros que se materializó tras ellos, formado por una infinidad de puntitos de color verde. Asustados, descargaron sus ametralladoras contra el mismo, que desapareció en un fogonazo. Dejando aparte el comportamiento anormal durante todo el incidente del perro que les acompañaba, lo más misterioso del caso es que no se encontraron impactos en la tapia situada tras el personaje, ni tampoco los casquillos. Uno de los testigos, José María Trejo, sufrió diversas secuelas que lo mantuvieron hospitalizado bajo observación. Sin OVNI visible (aunque se ha querido traer a colación una extraña luz -como una bengala- vista poco antes a gran altura), el componente alienígena sólo pudo extrapolarse a partir del supuesto casco que llevaba el ser y, sobre todo, por los deseos de J. J. Benítez, investigador inicial del caso que por aquel entonces había iniciado una auténtica campaña de acoso para que los militares desvelasen el secreto OVNI. Oportunamente, el expediente de este caso es el único que parece haber desaparecido entre todos los desclasificados hasta el momento (1).

Abre Iker Jiménez su libro de la forma más melodramática posible, relatando el suicidio de un centinela ante una extraña visión fantasmal. Considerando que se encontraba sólo en su garita y que no iba a ponerse a escribir en aquellos momentos, resulta difícil entender como Iker ha llegado a enterarse de tantos detalles, salvo que sea una historia ficticia. Mal empezamos. Pero bueno, se supone que el resto de las que aparecen en su trabajo no lo son.

Para sus investigaciones, Iker contó con la impagable ayuda de un misterioso personaje, "Verne9", del que recibía instrucciones y material a través de Internet, pero que insistía en mantener su anonimato, revelando sólo que ellos lo habían escogido para "sacar a la luz la verdad y hacer justicia... aquello fue la muestra definitiva de lo que lo sobrenatural existe... casi todos los protagonistas de aquellos sucesos acabaron mal después de aquella noche. Muchos de ellos murieron de forma... extraña". Tal afirmación resulta algo exagerada, porque Iker sólo ha podido documentar dos muertes: la del teniente coronel Jaraiz (jefe de enseñanza de reactores de la base y que supuestamente habría sido de los primeros en acudir al lugar de los hechos tras los disparos) al estrellarse el avión que pilotaba un par de meses después del incidente (luctuoso suceso que Iker intenta envolver en el misterio denunciando unos supuestos ocultamientos, pues el accidente no aparecía en una relación facilitada por Defensa (2), y apelando al detalle macabro de la desintegración del cuerpo, del que sólo se recuperó una bota); y la del cabo Pavón (el superior directo que los envió a investigar), quién supuestamente habría muerto en un extraño accidente ocurrido en 1998 al perder el control de su vehículo en plena recta ("justo el día que por fin iba a hablar", según Verne9). Sospechosamente, Trejo asegura que fue también testigo presencial de esta muerte.

Y digo sospechosamente, porque Trejo, convertido en elemento principal del libro, muestra cierta tendencia a la fabulación. Lo sabemos por una de esas casualidades de la vida que leídas en cualquier novela de intriga nos parecería un mal recurso literario. Resulta que el 18 de noviembre de 1981, una casete sin su caja es encontrada en el portaequipajes del tren nº 377 que circula entre Ginebra y Port Bou. Contiene algunas canciones en castellano, así que el revisor responsable del hallazgo se la da a un amigo. Cuando éste se dispone a escucharla en compañía de su esposa de origen español, ésta le comenta que incluye también una conversación sobre OVNIs, precisamente una de las grandes aficiones de su marido. Realizada la transcripción completa, se descubre que es un relato de lo ocurrido en Talavera, en la voz del propio José María, y la historia acaba publicándose en el boletín ufológico francés Lumieres dans la nuit (nº 245-246). Parece que Iker desconoce su existencia, porque no lo menciona en ningún momento. Y sin embargo, puede ser una pieza clave, porque en este relato ante varios compañeros de viaje de lo ocurrido quince años atrás, Trejo deja traslucir un cierto afán de protagonismo. Dice haber sido él quién disparó al ser, asegura que el perro que los acompañaba murió carbonizado instantáneamente, que toda la zona alrededor resultó también quemada en un radio de cincuenta metros y, sobre todo, señala que el ser apareció en el umbral de una abertura en el fuselaje de una enorme máquina con un centenar de metros de envergadura que se materializó directamente encima de él. Aunque quizá podría disculparse como un intento de impresionar a sus oyentes, por la forma en que realiza la exposición y los restantes comentarios que aparecen en la cinta, todo indica que el testigo realmente cree lo que describe.

Algo similar parece ocurrir con el otro testigo localizado, José Hidalgo. Según cuenta en el libro de Iker, cuando el cabo Pavón se aproximó a ellos, les explicó que fallaban las transmisiones, y los mandó a investigar, iba acompañado por otro individuo, "un tipo con guerrera y pistola... pero nunca volvimos a verlo ni lo habíamos visto antes... Y se vino con nosotros, detrás, a cierta distancia" (p. 36). Nadie más ha mencionado nunca este detalle, e Iker intenta darle credibilidad señalando que en las brevísimas anotaciones oficiales sólo se indica el término otro (sin olvidar añadir el elemento misterioso mencionando el rumor de que este personaje habría fallecido en otro extraño accidente años después, casi tirándose al capó de un vehículo en un paso de cebra). Pero un simple vistazo a la página 31 donde se transcribe lo poco que hay en el informe oficial (aderezado con unos nada habituales signos de alarma: ¡¡FALTA EXPEDIENTE!!) nos permite comprobar que el otro al que se hace referencia es al tercer soldado, cuyo nombre ya nos reveló J. J. Benítez en su informe (Juan Carrizosa) y que nadie ha conseguido localizar. Seria estupendo conocer su versión actual.

Pero volvamos a la investigación de Iker. Lo que empezaba como un caso típico y tópico de alienígenas, con las inevitables elucubraciones sobre eliminación de pruebas (tala de los árboles cercanos al lugar donde ocurrieron los hechos) toma en el capítulo 7 un giro inesperado. Su contacto Verne9 le hizo llegar un informe de once páginas donde le explicaba (junto a muchas otras cosas) que en ese punto exacto de la antigua Nacional V, varios conductores habrían visto flotando una figura con un bebé en brazos que parecía ir vestida con harapos y que desaparecía atravesando la tapia que rodea la base (esta imagen llegó a ser bautizada como la portuguesa, relacionándola con un accidente mortal supuestamente ocurrido allí años antes, que el meticuloso Iker se olvida de verificar). Un auténtico Expediente X y una escena arquetípica de lo fantasmal unidos en un mismo espacio... ¿quién da más?

Se embarca Iker en una larga exposición sobre esta conocida leyenda urbana (nada moderna por otra parte, como ha documentado José Manuel Pedrosa en su reciente libro La autoestopista fantasma y otras leyendas urbanas españolas, Páginas de espuma, 2004) pero aportando su toque especial. Mientras algunos investigadores como Michael Gross, las pasaron canutas en 1984 para encontrar un único testigo fiable de uno de tales encuentros (The Evidence for Phantom Hitch-hikers, Aquarian 1984), gracias a su programa de radio, Iker es capaz de encontrar centenares en un par de horas (1.200 sucesos independientes desde todos los rincones de España -p. 51-). Pero ninguno desde aquel lugar de Talavera la Real. Aún así no hay que desperdiciar material, y en el capítulo 15, bajo el sensacionalista título de "El hombre del rostro carbonizado", nos cuenta una terrorífica historia en torno a la catástrofe del camping de Los Alfaques, y unos supuestos fantasmas de turistas que desde entonces han sido vistos en el lugar. No tiene nada que ver con el incidente que nos ocupa, pero añade morbo a la lectura.

Se hace necesaria la investigación in situ. Con la inapreciable ayuda de un par de activos investigadores de la zona, logran realizar el verdadero hallazgo de toda esta historia: encuentran al vendedor Juan José Expósito Toresano. Desde hace años, circulaba entre los ufólogos escépticos el rumor de que todo el incidente de Talavera la Real había sido encubierto porque en realidad el tiroteado no había sido un alienígena sino un desafortunado conductor que pasaba por el lugar. Y ahora resulta que no fueron uno ¡sino dos! Por un lado tenemos al señor Expósito en su Ford Perfect, y por otra, a una pareja en un Seat 132 matrícula de Madrid. Considerando que a pesar de la balasera nadie resultó herido, quizá no sea tan extraño que la aparición misteriosa tampoco resultase alcanzada. Y lo cierto es que este testigo nos ofrece la explicación del asunto. Según explica (pp. 101-2), a la mañana siguiente fue conducido al lugar donde los soldados vieron al ser, y el conductor del Seat 132 reconoció que había sido allí, entre los eucaliptos, donde se había metido a retozar con su ligue. Habían dejado una marca muy grande en el suelo, y uno de los soldados al ir orinar, con la linterna, alumbró esa marca, vio una figura reflejada, empezó a gritar "¡verde! ¡verde!" y se desmayó, mientras sus compañeros se liaban a tiros, y la pareja salía huyendo. Casualmente, resulta que la chica había sido compañera del señor Expósito en la Escuela de Ingenieros Técnicos Agrícolas, lo que permitiría localizarla y resolver el misterio de una vez por todas... pero Iker no parece haber hecho las gestiones oportunas.

Prefiere dedicarse a buscar indicios en recuerdos de treinta años atrás, como una supuesta botella con el casco aparentemente recalentado y calcificado por completo, o un agujero como si alguien hubiese clavado un punzón (o la boca de una ametralladora) en el suelo. O dedicar páginas y páginas al misterio del historial médico desaparecido (quizá traspapelado o robado), para acabar encontrando al médico que trató a Trejo durante su estancia en el hospital y que (pese al sesgado interrogatorio de Iker) niega algunas de las exageraciones del testigo (como que se pasó trece días en coma) y se confirma en su diagnóstico original: una crisis histérica o trastorno por ansiedad con crisis de jaqueca oftálmica. A este respecto, nos encontramos con una nueva fabulación del señor Trejo. Según su relato (pp. 78-9), "El día que me ingresaron en el Hospital del Aire presencié algo terrible. Me trasladaron a la planta novena, se abrieron las puertas del ascensor y vi a un hombre que corría hacia la ventana. Se tiró al vacío (...) intenté asomarme... y, bueno... el hombre aquel, allí abajo, estaba destrozado". Vaya casualidad, una escena ideal para alentar su paranoia sobre monjas que le administran el suero de la verdad, tipos siniestros que le obligan a hablar durante horas exprimiéndole cada detalle de lo ocurrido, descargas en los aparatos de rayos X, estancias en calabozos, etc. ¿Cuánto de verdad habrá en ella?

Si hemos de creer a Iker, las dolencias de Trejo no fueron únicas -la gran pregunta que no responde es: ¿se dieron sólo tras el incidente, o sus problemas psicológicos venían de antes?-. Su compañero Hidalgo tendría parkinson casi desde aquel momento y sufre de pesadillas, donde le persiguen unas figuras vestidas de blanco... e incluso el acoso de Hombres de Negro con amnesia incluida.

Todo esto conduce inevitablemente a la teoría conspirativa, alimentada por las 33 visitas en pocas horas que recibe su página web desde el dominio "USA Military", un servidor militar estadounidense real, dejando ese innecesario rastro sólo para que sepa que son capaces de infiltrarse en su ordenador, Iker apela a otros métodos ya habituales en ufología, como la búsqueda de paralelismos en la casuística, y hace una relación de diversos encuentros en bases militares o con soldados como protagonistas: Olavarría (Argentina), Dakelia (Chipre), Gando (Canarias), Morón de la Frontera, y (¡como no!) el chileno cabo Valdés. En el camino de nuestro investigador se cruza otro estrafalario personaje, el profesor Miguel Bibiloni Brotad, Jefe de Servicio de la Consellería de Innovació i Energia del Govern de les Illes Balears (según mis investigaciones, un simple jefe del servicio de informática), ufólogo reciclado de la HET clásica y que está convencido de la existencia de campos de energía asociados al sistema de propulsión de los OVNIs capaces de producir efectos sensibles en el entorno. Su aportación es doble. Por un lado, habla sobre programas secretos de la CIA como el MK-ULTRA, aseverando que es posible inducir apariciones mediante técnicas holográficas y poniendo como ejemplo una supuesta visión de la Virgen María en Cuba allá por 1982. Veinte años después, si esa tecnología hubiese existido alguna vez, la usarían ahora en todas las discotecas. Por otro, comenta varios casos célebres de la ufología sobre muertes aparentemente debidas a las radiaciones, como las de Joao Preste Filho en Brasil, Arcesio Bermúdez en Colombia, etc. induciendo al lector a pensar que los síntomas de Trejo e Hidalgo podrían tener un origen similar.

Pero Iker no tiene interés en retomar la HET clásica y prefiere preguntarse si lo ocurrido en Talavera no sería una prueba fallida de una tecnología terrestre que desencadenó acontecimientos y reacciones no esperadas (p. 149). En cualquier caso, lo importante es no descartar ninguna posibilidad para poder seguir jugando con todas las barajas. Tras 371 entrevistas in situ, 48 cintas de grabaciones, 1.542 documentos en papel, 27 viajes y 4 cuadernos de campo seguimos casi igual que al principio, sin un mísero plano del lugar que nos permita despejar algunas de las dudas planteadas.

Lo que llama poderosamente la atención es como se ha ido modificando el relato de los hechos para conformarse a las nuevas ideas. Lo que originalmente (en la versión de J.J. Benítez) era un silbido agudo y penetrante se ha convertido ahora en una especie de música. La explosión de luz que iluminó la zona ya no es vista por los testigos sino por el cabo Pavón quién la describe apenas como una luz cayendo en el sotobosque cercano a la tapia (p. 36). El remolino que los alertó pasa a ser como si alguien avanzase hacia ellos con algo metálico, "como un hacha". Se acorta la distancia: mientras según Benítez el ser se encontraba a unos quince metros, ahora Hidalgo asegura que eran menos de dos. Se exageran los efectos físicos: "(Hidalgo) los compañeros vomitaban... como si aquello nos hubiese irradiado" (p. 33); "(Trejo) Yo vomitaba, y echaba todo por arriba y por abajo... diarreas" (p. 82). Y sobre la descripción original del ser se pasa casi de puntillas, ningún testigo lo describe, y el médico que rememora el dibujo original de Trejo lo califica de muy esquemático, estereotipado, sin detalles. No pinta ojos... "como un fantasma" (p. 188). Hasta los sentimientos cambian, ambos soldados ahora están convencidos de que aquello no quiso hacerles daño y se preguntan "¿Y si fuera un ángel?".

Lo cierto es que aquel desafortunado suceso no da para mucho y hasta lo más misterioso del mismo, la desaparición de balas y casquillos, podría ser una exageración. Dice el coronel Fernández Chiralt, jefe de la policía de la base en aquellas fechas, "nunca buscamos los plomos. Quedarían dentro del hormigón de la tapia... Deberían estar (los casquillos), pues lo que está claro es que se dispararon muchas balas. Pero no recuerdo..." (pp. 163-4).

Parece claro que aquella madrugada en Talavera hubo mucha gente con el gatillo fácil y muy mala puntería. Los dos incidentes -el avistamiento del ser sobre las 01:45 y el ametrallamiento de los dos vehículos hacia las 05:15 horas- ¿ocurrieron realmente tan separados entre sí tanto en el tiempo como en el espacio? No parece lógico que la situación de alarma generada por el primero se hubiese mantenido tantas horas. ¿Podrían ambos ser fruto del nerviosismo de unos soldados asustados por una pareja que retozaba entre los árboles? Existe un par de testigos que podrían aportar el dato definitivo; ¿quién se anima a buscarlos?

NOTAS

  1. Este detalle puede no tener ninguna connotación de encubrimiento gubernamental. Por mucho que le pese a algunos ufólogos, sus interpretaciones de un incidente no tienen por qué coincidir con las de los demás y quizá, simplemente, el mando nunca considero que lo ocurrido tuviese nada que ver con un OVNI, y por tanto, a nadie se le ocurrió mandar una copia del informe al departamento del Estado Mayor del Aire que custodiaba la información sobre incidentes con OVNIs, y por tanto, no habría nada que desclasificar.
  2. La verdad es que la "ocultación" es mucho mayor de lo que Iker supone: antes de 1977 el número de aviones F-5 del Ejército del Aire accidentados ascienden a ¡dieciséis!, con víctimas mortales al menos en cuatro casos (incluido el F-5A monoplaza de Pérez Jaraiz). Pero no es necesario sobornar a nadie para obtener esta información, basta (por ejemplo) con pedirle al quiosquero la revista "Fuerza Aérea", especial nº 4.

Subir

Publicaciones

Pensar
Revista iberoamericana para la ciencia y la razón

Pensar en Internet
- Publicaciones -

Enlazar al Círculo Escéptico

En esta página encontrará banners, botones y sugerencias de texto para enlazar a este sitio.

Cartas

Entre en este apartado para leer nuestras cartas, que serán enviadas a los medios, y adherirse a la iniciativa si lo considera adecuado.

Últimas noticias

Destacados

- Dossier: Todo sobre "Las caras de Bélmez"
- Dossier "Iker Jiménez"
- Artículos: La ciencia frente a las creencias religiosas
- ¿Funciona la homeopatía? (prensa)
- Planeta Encantado
- La decodificación de Dan Brown

Contacto y novedades

Contacto

Ver nuestra política de privacidad

Novedades del Círculo Escéptico en RSS:

Novedades en RSS

Sitios web de nuestros socios

En línea desde:23/08/2005

Miembros de:

ECSO: European Council of Skeptical Organisations

2005, 2006, 2007 (c) Círculo Escéptico. Prohibida la reproducción sin permiso.