Artículos: La decodificación de Dan Brown Por José Luis Calvo
Posiblemente todo el mundo habrá oído hablar de El código da Vinci, la
¿novela? escrita por Dan Brown. Millones de ejemplares publicados,
meses encabezando la lista de libros más vendidos, el anuncio de la
filmación de una película de alto presupuesto basada en este
relato, una polémica que no cesa... son razones para que incluso la
persona menos aficionada a la literatura sepa de qué estoy
hablando, pero ¿conoce Vd. qué se oculta realmente tras este
título?
Unánimemente calificada por la crítica española con los
epítetos más insultantes que se recuerdan es, sin embargo,
idolatrada por miles de lectores que han visto en ella algo así
como el Santo Grial (nunca mejor dicho) de la modernidad. Su ataque
a la Iglesia Católica, su intento de reescribir los Evangelios
desde una óptica feminista, su vinculación con movimientos
esotéricos como el Priorato de Sión... le han dado un aire New Age
del agrado de muchos (y de la indignación de otros
tantos).
Supuestamente basada en hechos reales (
“El Priorato de Sión –sociedad secreta
europea fundada en 1099- es una organización real. En 1975, en la
Biblioteca Nacional de París se descubrieron unos pergaminos
conocidos como Les Dossiers Secrets, en los que se identificaba a
numerosos miembros del Priorato de Sión, entre los que destacaban
Isaac Newton, Sandro Botticelli, Víctor Hugo y Leonardo da
Vinci.” “Todas las descripciones de obras de
arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en
esta novela son veraces.”
) ha
bastado que comenzaran a aparecer listados de los numerosos errores
que contiene esta obra para que sus defensores se amparen en que su
carácter novelesco hace que éstos no tengan mayor importancia. No
obstante, eso no impide que esas mismas personas continúen
afirmando que, en el fondo, Dan Brown tiene razón, que Jesús se
casó con María Magdalena, que este hecho es conocido y silenciado
por la Iglesia Católica que no dudó en exterminar a los cátaros y
en suprimir la Orden del Temple para que el secreto de la
descendencia carnal de Jesús y la Magdalena no se divulgara. Por
supuesto, cualquier crítico que ose atacar esa construcción
conspiranoica es tildado de inquisidor, marioneta de la
Iglesia...
De forma muy curiosa, sus defensores se amparan ora en su carácter de
novela, ora en su carácter de obra de investigación. Si, como ya
dijimos, cuando se señalan algunos de los increíbles errores que
contiene, se dice que es una obra de ficción y que, por tanto, el
autor se puede tomar ciertas libertades, por el contrario cuando se
señala su pésima calidad narrativa entonces eso tampoco importa
porque su auténtico valor reside en su valiente denuncia de las
mentiras de la Iglesia Católica. Esto puede parecer extraño, pero
no lo es. Desde su propio punto de vista es algo perfectamente
lógico. Obviamente ese peculiar prisma no es literario ni histórico
sino esotérico, un mundo en el que una obra literaria puede ser
depositaria de la Tradición. De igual forma, poco importa cualquier
crítica que se pueda hacer puesto que una de las características
del esoterismo es la no aceptación de cualquier prueba en contra de
la creencia que pueda presentarse.
Así pues, estas palabras que están leyendo son, para muchos, inútiles.
No obstante, también hay personas que piensan de buena fe que algo
de cierto debe haber en esta ¿novela? y ellas sí merecen algunas
explicaciones sobre la tramoya de “El código da Vinci”
para que posean nuevos elementos de juicio que les ayuden a
formarse su propia opinión sobre esta obra.
Poco importa que demos más importancia a la trama novelesca o a las
supuestas revelaciones de secretos reales porque, desde ambos
puntos de vista, “El código da Vinci” es un engaño.
Para comprobar esa afirmación estudiaremos esta ¿novela? desde
ambos puntos de vista y concluiremos con un listado (que no
pretende ser completo) de las mayores barbaridades que se pueden
encontrar escritas en este texto.
El código Da Vinci como obra literaria
| El código Da Vinci como escrito esotérico
| El código Da Vinci como enciclopedia del disparate
| Conclusión
| Referencias
El código Da Vinci como obra literaria
Cuentan que
Winston Churchill respondió a una intervención parlamentaria
diciendo: “El discurso de su Señoría ha sido original y
brillante, pero cuando ha sido original no ha sido brillante y
cuando ha sido brillante no ha sido original.” Dan Brown
estaría encantado de que esta frase lapidaria se pudiera pronunciar
referida a su obra, pero El código da Vinci no sólo no es
brillante sino que ni siquiera es
original.
Busquemos la estructura profunda del relato, es decir, lo que
queda después de apartar todos los elementos accesorios de la
trama: chico con problemas encuentra chica, chica ayuda al chico,
chico y chica son perseguidos porque pueden encontrar un secreto
que haría tambalear los cimientos milenarios de la Iglesia
Católica, chico y chica se enamoran, chico y chica encuentran el
secreto, chico y chica son felices y comen
perdices.
Esta sucesión
de tópicos es, en resumen, El código da Vinci y podemos
hablar de tópicos porque este mismo esquema ha sido usado hasta la
extenuación. Tanto es así que ha acabado por constituir un
subgénero, el de la conspiración de tema religioso. Veamos algunos
ejemplos:
- El
cofre de Constantina (The Gemini contenders). Robert
Ludlum. Primera publicación en 1976 (Edición española: Plaza &
Janés Editores S.A. Barcelona, 1986. La traducción es de María
Antonia Menini). En esta ocasión el secreto consiste en un supuesto
escrito de San Pedro en el que éste asegura que Jesús no murió en
la cruz sino que se suicidó.
- El
quinto Evangelio (Das fünfte Evangelium). Philipp
Vandenberg. Primera publicación en 1993 (Edición española:
Editorial Planeta S. A. Barcelona, 1994. La traducción es de Pere
Bonnin). En esta ocasión el secreto consiste en un escrito de
Barabbas que declara ser hijo de Jesús y María Magdalena. La trama
se desencadena por el hallazgo de una clave oculta en una pintura
de... Leonardo da Vinci.
- El
Testamento de Judas (The Judas Testament). Daniel
Easterman. Primera publicación en 1994 (Edición española: Editorial
Planeta S. A. Barcelona, 1995. La traducción es de Joaquín Adsuar).
En esta ocasión el secreto consiste en una carta de Jesús dirigida
a Caifás en el que aquél narra su vida y su credo, el judaísmo más
estricto.
- El
último merovingio (Kingdom come). James Hougan.
Primera publicación en 2000 (Edición española: Editorial Planeta S.
A. Barcelona, 2004. La traducción es de Sofía Coca y Roger Vázquez
de Parga). En esta ocasión el secreto consiste en un hombre que
desciende del matrimonio de Jesús y María de Magdala y que es
protegido por una sociedad secreta llamada Sociedad Magdalena en la
que no es descabellado ver una transposición literaria del Priorato
de Sión.
Considerando
que la edición original de El código da Vinci (The
Da Vinci Code) es de 2003 y, por tanto, posterior a todos esos
títulos (y a otros más que podrían citarse) ¿qué hay en ella de
original? No es sólo que la estructura profunda sea idéntica a
otras ya empleadas, es que múltiples elementos accesorios añadidos
a ésta tampoco eran novedosos. Así, en El quinto Evangelio
aparece una obra de Leonardo da Vinci como transmisora del secreto
puesto que éste era uno de los iniciados que lo conocía. En El
Testamento de Judas el supuesto aliado en la investigación del
protagonista es, en realidad, el adversario que intenta apoderarse
del secreto. En El último merovingio aparece, aunque sea con
otro nombre, el Priorato de Sión. Por supuesto, al ser el secreto
algo cuya difusión afectaría a la Iglesia Católica, ésta figura en
las tramas pretendiendo, por los medios que sean, desbaratar los
planes de los protagonistas.
Si en lo
concerniente a argumento y desarrollo El código da Vinci no
presenta nada novedoso, los demás aspectos literarios son incluso
más deplorables hasta el punto de plantearse cómo es posible que
Dan Brown diera clases de inglés y literatura en los EEUU cuando
ignora los principios más elementales del oficio de escritor. Así,
podemos comprender que Emilio Salgari cortara el desarrollo de la
trama para introducir digresiones que poco tenían que ver con ella
(por ejemplo, los protagonistas son piratas en el Caribe y el
escritor intercala un capítulo entero, perfectamente prescindible,
explicando la historia de la piratería en esta zona) puesto que el
italiano cobraba por palabras escritas... aunque éstas fueran
copiadas de una enciclopedia. A D. Emilio le podemos perdonar éstos
y otros errores como el maniqueísmo porque era capaz (sin ser un
gran escritor) de crear personajes que incluso hoy se recuerdan
(¿quién no ha soñado alguna vez con ser Sandokán lanzándose al
abordaje de un buque inglés?). De Dan Brown no podemos decir lo
mismo. Sus digresiones sobre la obra de Leonardo, sobre las cartas
del Tarot, sobre los cátaros... no sólo no añaden nada a la trama
novelesca sino que rompen el ritmo narrativo haciendo que lo que
debiera ser frenético (ésta es una de las convenciones del
subgénero de las conspiraciones religiosas) quede interrumpido de
continuo. Por otra parte, los personajes de Dan Brown no son,
precisamente, inolvidables. Si en el uso de la digresión absurda
(después veremos que no lo es... desde un punto de vista
completamente ajeno a la Literatura) parece discípulo de Salgari,
en su facilidad para crear personajes planos y aburridos lo semeja
de Julio Verne, indudable maestro en este campo.
La idea de
Dan Brown de crear un personaje parece ser algo así como buenos
buenísimos por un lado y malos malísimos por el otro y todos ellos
con una característica común, el ser tontos de remate porque dos de
los “geniales” protagonistas, los supuestamente
inteligentísimos Robert Langdon y Leigh Teabing, necesitan ayuda
para reconocer un texto escrito de derecha a izquierda. Cuando,
además, la moralidad influye en el aspecto físico, uno empieza a
pensar que ha retrocedido en el tiempo hasta la época en la que el
malo malísimo además era feo y deforme. Porque mientras Robert
Langdon es descrito como: “Aunque
tal vez el profesor Langdon –continuó la presentadora- no sea
lo que llamaríamos un guapo oficial, como algunos de nuestros
nominados más jóvenes, es un cuarentón interesante, con ese
poderoso atractivo propio de ciertos intelectuales. Su cautivadora
presencia se combina con un tono de voz muy grave, de barítono, que
sus alumnas describen muy acertadamente como «un regalo para
los oídos».”
y Sophie Neveu (o Saunière): “Era atractiva y
tenía unos treinta años. El pelo, color caoba, le caía suelto sobre
los hombros, enmarcando un rostro de cálida expresión. A diferencia
de las rubias desamparadas y tontitas que adornaban los dormitorios
de los estudiantes de Harvard, aquella mujer tenía una belleza
sana, se veía auténtica e irradiaba una increíble sensación de
confianza en sí misma.”
los
representantes de la “oposición” no sólo no son
agraciados sino que tienen defectos físicos. De Silas dice:
“Cuando la gente pasaba por su lado,
oía que hablaban de él en voz baja. «Un fantasma»,
decían con terror en los ojos mientras le escrutaban la piel
blanca. «Un fantasma con ojos de
demonio.»”
y Leigh Teabing: “había tenido la polio de pequeño
y llevaba hierros en las piernas y andaba con
muletas”
.
Por supuesto,
las descripciones deplorables no sólo se refieren a los personajes.
La que realiza de la habitación de Robert Langdon en un hotel de
París sería digna de pasar a la historia de la mala literatura:
“Con los ojos entornados, miró a su
alrededor y vio el elegante dormitorio renacentista con muebles
estilo Luis XVI, frescos en las paredes y la gran cama de caoba con
dosel.”
de no ser porque es
ampliamente superada por la ¿descripción? del Louvre:
“Al fondo de una plaza enorme, la
imponente fachada del Louvre se elevaba como una ciudadela contra
el cielo de París. Construido en forma de herradura, aquel edificio
era el más largo de Europa, y de punta a punta medía tres veces más
que la torre Eiffel. Ni siquiera los más de tres mil metros
cuadrados de plaza que se extendían entre las dos alas del museo
eclipsaban la majestuosidad y la amplitud de la
fachada.”
Si la trama no es original ni está bien desarrollada, los personajes
son planos, las descripciones dan pena... ¿hay algo que se salve en
esta obra? Pues me temo que no. Los diálogos están a la altura de
los personajes (iba a escribir que son diálogos de besugos, pero
temía ofender a estos peces). No pierdan detalle de esta
conversación entre Robert Langdon y Sophie Neveu:
“-Creo que no hace mucho que la han limpiado.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque huele a alcohol de quemar.
-¿Cómo?
-Que parece que alguien le ha pasado algún tipo de producto
–reiteró, llevándose la llave a la nariz-. Por este lado
huele más. Sí, ha sido con algo a base de alcohol, como si le
hubieran pasado un producto de limpieza, o... –Se
detuvo.
-¿Qué?”
El uso de las figuras del lenguaje es para hacer sonrojar
al alumno más torpe de un taller de escritura creativa:
comparaciones: “En el centro,
como si fuera un insecto bajo la lente de un microscopio, el
cadáver del conservador estaba tendido en el suelo de
madera.”
, metáforas:
“...estaba ahora junto a la entrada
de la Gran Galería, observando el acceso a un cañón abovedado muy
largo y muy profundo.”
...
Todo ello nos plantea un problema. Si como novela es una porquería
incluso para el bajo nivel literario habitual en el subgénero de la
conspiración religiosa ¿por qué ha tenido éxito? Si me dejo llevar
por mi cinismo habitual, lo que me extrañaría es que una obra de
ventas millonarias fuera literariamente buena, pero eso sólo es una
verdad a medias. Las novelas de éxito suelen estar, cuando menos,
escritas por autores que conocen su oficio, profesionales
competentes que continúan la tradición de Dumas y Blasco Ibáñez
que, en su tiempo, también eran acusados de realizar una literatura
de consumo, para las masas... (parece que algún crítico tiene la
curiosa idea de que la literatura debe escribirse para no leerse o,
en todo caso, para que sea leída por una elite alejada del vulgo).
Son escritores como Ken Follet, Umberto Eco, Arturo
Pérez-Reverte... que nada tienen que ver con Dan Brown que es,
sencillamente, un pésimo novelista, un escritor incompetente y
desconocedor de su oficio.
Sin
embargo es un hecho innegable que su obra ha funcionado
comercialmente muy bien, ¿por qué? Tal vez tengan razón (y temo que
en parte sí están en lo cierto) los que señalan que el público
lector sigue la misma degeneración intelectual que el público
televidente. Si éste consume productos cada vez más demenciales,
¿por qué en los libros no puede darse el mismo fenómeno? Es algo
plausible que los programas llenos de ruido y furia, contados por
imbéciles y que nada significan (que me perdone Shakespeare por la
cita) tenían que trasladarse al papel más pronto o más
tarde.
No obstante hay otro factor que debe tenerse en
consideración. ¿Están seguros de que El código da Vinci es
una novela? ¿Qué quiero decir? Volvamos a las restantes obras
citadas al comienzo de esta crítica. El haber comenzado la serie
con Robert Ludlum no es ninguna coincidencia. Si conocen su obra,
sabrán que era un autor especializado en novelas de espionaje. En
El cofre de Constantina se limitó a introducir una pequeña
variación en la trama. Lo que movía a los personajes no era, como
en el resto de sus obras, un secreto militar, la búsqueda de un
criminal... sino una cuestión religiosa, pero eso era sólo un
MacGuffin
, un pretexto.
La novela
hubiera sido prácticamente igual si en vez de buscar un arcón lleno
de escritos sobre religión hubieran perseguido los archivos secretos
de Edgar Hoover (MacGuffin que también empleó, por cierto) y
si su héroe en vez de luchar con cristianos fanáticos lo hubiera
hecho contra el K.G.B.
En el resto de las obras citadas la situación es más o
menos la misma. Esos secretos religiosos son un pretexto para
escribir una novela en la que el héroe se enfrenta a una poderosa
organización. De esta confrontación, del temor a que la
“oposición” consiga su propósito y acabe con el
protagonista, nace el pathos. Esto es tan válido para estas
novelas como para las películas de Bond, James Bond. La diferencia
radica sólo en la capacidad (o en la falta de ella) del autor por
hacerlo creíble. Sin embargo, ni Ludlum, ni Vandenberg... creían en
la realidad de lo que estaban escribiendo. Ninguno de ellos coloca
una nota al comienzo del libro diciendo que lo que vamos a leer
está basado en la realidad. Ninguno de ellos pretende que su obra
sea otra cosa que ficción de principio a fin. Mucho menos insisten
en entrevistas en la gran tarea de investigación realizada ni que
estén convencidos de la veracidad de la tesis que mantienen en la
novela
. Lógicamente tampoco
pretenden convencer al lector de nada y sí hacerle pasar un buen
rato.
Dan Brown sí afirma todo ello y eso produce dudas sobre
si la historia del Grial como descendencia de Jesús y María
Magdalena es el pretexto para escribir una tópica novela de
conspiraciones o si, por el contrario, la tópica novela es el
pretexto para hablar de temas muy queridos por el esoterismo
contemporáneo. Esta consideración de El código da Vinci como
un híbrido a medio camino entre el relato novelesco y el escrito
esotérico (algo que, por cierto, tampoco es ninguna novedad) es tal
vez la mejor explicación tanto de su éxito como de la polémica
generada. De la misma manera no hace aconsejable el considerarla
como una mera ficción... puesto que no es percibida de esta forma
(o al menos no sólo de esta forma) por muchos de sus lectores. De
igual forma, toda crítica que se formule debería tener en cuenta
esta dualidad.
Si
hasta ahora hemos hablado de sus aspectos literarios (y la única
conclusión posible es que esta obra no tiene el menor valor como
tal) ya es hora de que repasemos su relación con el
esoterismo.
El código Da Vinci como escrito esotérico
En lo que puede ser la única verdad sobre este tema
contenida en esta obra, Dan Brown declara sus fuentes (aunque, eso
sí, omite que lo sean). Recordemos la escena. Sophie Neveu lee los
títulos de varios libros que se encuentran en la casa de Leigh
Teabing que éste ha afirmado han sido escritos por
“historiadores”
:
- “LA REVELACIÓN TEMPLARIA:
Guardianes secretos de la verdadera identidad de Cristo
- LA MUJER DE LA VASIJA DE ALABASTRO:
María Magdalena y el Santo Grial
- LA DIOSA DE LOS EVANGELIOS:
En busca del aspecto femenino de lo sagrado
- [...]
- EL ENIGMA SAGRADO:
El aclamado best seller internacional.”
En realidad,
ninguno de sus autores es historiador. Además, la lectura de estos
libros es la única investigación que ha realizado el escritor. De
ellos toma Dan Brown todo lo que hace relación al esoterismo. De
El enigma sagrado (The Holy Blood and the Holy
Grail 1982) extrae todo lo relacionado con la descendencia de
Jesús y María Magdalena y el Priorato de Sión. De La
revelación de los Templarios (The Templar Revelation.
Secret Guardians of The True Identity of Crist; 1997)
todo lo relacionado con las obras de Leonardo da Vinci y los
Evangelios gnósticos. De María Magdalena y el Santo
Grial (The Woman with the Alabaster jar: Mary Magdalen
and the Holy Grail 1993) todo lo relacionado con una lectura
feminista de los Evangelios, la simbología del Tarot... No sólo es
una copia sino que, en ocasiones, copia mal (lo que es demencial).
Veamos todo ello por el sencillo procedimiento de comparar lo que
escribe Dan Brown con el contenido de esos
libros:
“El Priorato de Sión lo fundó en Jerusalén un
rey francés llamado Godofredo de Bouillon, en el año 1099,
inmediatamente después de haber conquistado la
ciudad.”
“4) En 1099 cae Jerusalén y el trono es ofrecido a Godofredo por
un cónclave anónimo, uno de cuyos líderes es de origen calabrés, al
igual que los monjes de Orval.
5) Por orden de Godofredo se construye una abadía en
monte Sión que da cobijo a una orden que lleva el mismo nombre de
la abadía, una orden de la que quizás formen parte los individuos
que ofrecieron el trono a
Godofredo.”
“Para poder rescatarlos, el Priorato
creó un brazo armado, un grupo de nueve caballeros llamado la Orden
de los Pobres Caballeros de Cristo y del templo de Salomón.
–Langdon hizo una pausa-. Más conocidos como los Caballeros
Templarios.”
“Basándonos en los datos que
habíamos examinado, nos pareció que apenas quedaban dudas de que
los caballeros templarios fueron enviados a Tierra Santa con el
propósito expreso de encontrar u obtener
algo.”
“Eso es un error frecuente. La idea
de la protección de los peregrinos era el disfraz bajo el que los
templarios llevaban a cabo su misión. Su verdadero objetivo en
Tierra Santa era rescatar los documentos enterrados debajo de las
ruinas del templo.”
“De haber sabido que existía tal
prueba, o incluso que era posible que existiese, en el recinto del
templo, no se hubiese escatimado ningún esfuerzo por encontrarla.
Esto explicaría el papel de los caballeros templarios, los cuales,
so capa del secreto, realizaron excavaciones debajo del templo, en
los denominados «Establos de
Salomón»”
“Nadie lo sabe a ciencia cierta,
pero en lo que todos los estudiosos coinciden es en que sí
encontraron algo enterrado en las ruinas... algo que les hizo ricos
y poderosos más allá de lo
imaginable.”
“Y, basándonos en los mismos datos,
diríase que cumplieron su misión. Parece ser que encontraron lo que
les habían ordenado que buscasen y que lo trajeron a
Europa.”
“
12) Aproximadamente entre 1115 y
1140, tanto los cistercienses como los templarios empiezan a
prosperar, adquiriendo vastas extensiones de terreno y grandes
sumas de dinero.”
“Sangreal es, literalmente, Santo Grial.”
“Dicho de otro modo, puede que en un
principio no existiera el propósito de que la palabra
«Sangraal» o «Sangreal» se dividiera en
«San Graal» o «San Greal», sino en
«Sang Raal» o «Sang Réal». O, para
utilizar la grafía moderna, «Sang Royal», es decir,
sangre real.”
“-Sí, pero los documentos del
Sangreal son sólo la mitad del tesoro del Santo Grial. Están
enterrados con el propio Grial... y revelan su verdadero
significado. Si esos documentos dieron tanto poder a los templarios
fue porque descubrían la verdadera naturaleza del
Grial.”
“Puede que fuese el equivalente, por
así decirlo, de la licencia matrimonial de Jesús o de los
certificados de nacimiento de sus hijos (o de ambas cosas). Puede
que fuera algo igualmente explosivo. A cualquiera o a todos estos
objetos se les podía aplicar el nombre de «Santo
Grial».”
“
Si nuestra hipótesis es correcta,
el Santo Grial sería cuando menos dos cosas a la vez. Por un lado
sería la estirpe y los descendientes de Jesús, la «Sang
Raal», la sangre «verdadera» o
«real» cuya custodia fue encomendada a los
templarios, orden creada por la Prieuré de Sion.”
“entre los Grandes Maestres del
Priorato estaban Leonardo da Vinci, Botticelli, Isaac Newton,
Victor Hugo y, más recientemente, Jean Cocteau, el famoso y
polifacético escritor parisino.”
“...aparece una lista de los
siguientes individuos como sucesivos grandes maestres de la Prieuré
de Sion...:
[...]
Sandro Filipepi [Botticelli] 1483-1510
Leonardo da Vinci 1510-1519
[...]
Isaac Newton 1691-1727
[...]
Victor Hugo 1844-1885
[...]
Jean Cocteau 1918-”
“Le hacía falta difamar a María
Magdalena para poder ocultar su peligroso secreto: su papel como
Santo Grial.”
“Al mismo tiempo, el Santo Grial
sería, literalmente, el receptáculo o vasija que recibió y contuvo
la sangre de Jesús. Dicho de otro modo, sería el vientre de la
Magdalena y, por extensión, la propia
Magdalena.”
“
Miró la pintura y para su asombro vio que todos tenían una
copa delante, incluido Jesús. Trece copas. Es más, las copas eran
en realidad unos vasos de vidrio muy pequeños, sin pie. En aquel
fresco no había cáliz.”
“Como ésta es la Última Cena, en que
según nos enseña el Nuevo Testamento, Jesús instituyó el sacramento
del pan y el vino e invitó a sus seguidores a que comieran y
bebieran de ellos afirmando que eran su carne y su sangre, sería
razonable buscar algún cáliz o copa de vino delante de él, abarcado
por el ademán de ofrecimiento.”
“Sophie se fijó en aquella figura, observándola con detenimiento. Al estudiar el rostro y el cuerpo, le recorrió una oleada de desconcierto. Aquella persona tenía una larga caballera pelirroja, unas delicadas manos entrelazadas y la curva de unos senos. Era, sin duda... una mujer.”
“A quien contemplase por primera vez este cuadro podría disculpársele alguna incertidumbre sobre el supuesto Juan. Pues si bien es cierto que cuando el artista quería representar la suprema belleza masculina con arreglo a sus propias predilecciones solía elegir un canon algo afeminado, sin duda lo que estamos mirando aquí es una mujer. Toda la figura es sorprendentemente femenina; por más que la pintura sea antigua y esté deteriorada, ahí están todavía las manos pequeñas y bien formadas, los rasgos del semblante finos y armoniosos, el pecho, indudablemente femenino y el collar de oro.”
“Las ropas tenían los colores invertidos. Jesús llevaba la túnica roja y la capa azul, mientras María Magdalena llevaba una túnica azul y una capa roja.”
“La mujer, pues estamos seguros de que lo es, viste además ropas que la señalan como alguien especial. Son el reflejo invertido de la indumentaria del Redentor ya que vemos una túnica azul con manto rojo a un lado, y una túnica roja con manto azul al otro, siempre dentro del mismo corte y estilo.”
“Y si vamos ya a matices más sutiles -añadió Teabing-, vea que
Jesús y su esposa aparecen unidos por la cadera e inclinados en
direcciones opuestas, como si quisieran crear claramente un espacio
negativo entre ellos.
Sophie la vio al momento. En realidad, de pronto era como si
ya no viera nada más. Ahí, destacada en el centro de la pintura,
surgía el trazo de una enorme y perfecta letra M.”
“Si nos fijamos en la composición general, lo más destacado es la figura que componen Jesús y la mujer, una gran M muy abierta, casi como si estando literalmente unidos por la cadera hubiesen sufrido una separación o se hubiesen apartado de manera voluntaria. Que sepamos, ningún estudioso ha dicho nunca que ése fuese un personaje femenino, ni menciona la M de la composición.”
“Los teóricos de las conspiraciones dicen que es la M de matrimonio o de María Magdalena, pero para serle sincero, nadie lo sabe a ciencia cierta. Hay innumerables obras relacionadas con el Santo Grial que contienen esa misma letra oculta de un modo u otro, ya sea en filigranas, en pinturas ocultas debajo de otras o en alusiones compositivas. La más descarada, claro, es la que hay grabada en el altar de Nuestra Señora de París, en Londres, diseñada por un anterior Gran Maestre del Priorato de Sión, Jean Cocteau.”
“En el mural de Cocteau sólo se ve al Crucificado desde las rodillas hacia abajo, lo que implica una cierta sospecha acerca de su verdadera identidad. La curiosa ausencia de vino que hemos visto en La Última Cena también parece implicar un serio interrogante sobre la naturaleza del sacrificio de Jesús. El artista moderno va más allá y no representa a Jesús en absoluto. Es también muy similar la utilización de la envolvente M.”
“El encargo original para pintar aquella obra le había llegado a Leonardo de una congregación conocida por el nombre de Hermandad de la Inmaculada Concepción, que necesitaba un cuadro para poner en el panel central de un retablo que iba a ocupar el altar de la iglesia de San Francisco, en Milán. Las monjas le indicaron las medidas exactas que debía tener y el tema de la pintura -la Virgen María, San Juan Bautista niño, Uriel y el niño Jesús buscando cobijo en una cueva-
Aunque Leonardo cumplió con lo que se le había solicitado, cuando entregó la obra la congregación reaccionó con horror, porque estaba llena de detalles explosivos y desconcertantes.
El lienzo mostraba a una Virgen María con túnica azul, sentada con un niño en brazos, supuestamente el niño Jesús. Frente a María, también sentado, aparecía Uriel, también con un niño, supuestamente san Juan Bautista. Pero lo raro era que, en contra de la escena habitual en la que Jesús bendecía a Juan, en este caso era al revés: Juan bendecía a Jesús... ¡y éste se sometía a su autoridad! Por si eso fuera poco, la Virgen tenía una mano levantada sobre la cabeza de Juan en un gesto inequívocamente amenazador -con los dedos como garras de águila que sujetaran una cabeza invisible- Y, por último, la imagen más clara y aterradora: justo por debajo de aquellos dedos curvados de María, Uriel estaba detenido en un gesto que daba a entender que estaba cortando algo, como si estuviera rebanando el cuello de la cabeza invisible que la Virgen parecía sujetar con sus garras.”
“El encargo originario lo hizo una cofradía llamada de la Inmaculada Concepción, e iba a servir como imagen central de un tríptico para el altar de la capilla que dicha hermandad tenía en la iglesia de San Francisco Mayor de Milán (...) Lo curiosos es que ambas versiones cumplen con lo especificado, así que no sabemos por qué se repitió el encargo. Pero podemos aventurar una suposición acerca de esas interpretaciones divergentes, y no tiene mucho que ver con el perfeccionismo y sí con la percepción de la potencia explosiva de lo realizado.
En el contrato se especifica también el tema de la pintura. Se trataba de representar un acontecimiento que no figura en los Evangelios pero que estaba presente en la leyenda cristiana desde hacía mucho tiempo. Es el relato de cómo, durante la huida a Egipto, José, María y el Niño Jesús se refugiaron en una cueva del desierto, donde hallaron a Juan el Bautista niño bajo la protección del arcángel Uriel. (...)
La versión del Louvre que fue la primera, muestra a una Virgen con túnica azul que rodea con su brazo protector a un niño, mientras que el otro infante forma grupo con Uriel. Lo curioso es que los dos niños parecen idénticos; y más curioso todavía: el que está con el ángel bendice al otro, y es el niño de María quien se arrodilla de modo sumiso. (...)
¿Qué pasa si el niño que está con María en la versión del Louvre de La Virgen de las Rocas es Jesús, como parecería lo más lógico, y el otro, el que está con Uriel, es Juan? Recordemos que en ese caso, Juan bendice a Jesús y éste se somete a la autoridad de aquél.
Uriel, en su función especial de protector de Juan, ni siquiera tiene por qué mirar a Jesús. Y María, mientras protege a su hijo, alza una mano amenazadora por encima de la cabeza del infante Juan. Bastantes centímetros por debajo de esa palma extendida hallamos la de Uriel que señala: ambos gestos parecen responder a una misma clave críptica. Como si Leonardo quisiera indicarnos un objeto, significativo pero invisible, que debería estar en el espacio comprendido entre ambos. En ese contexto no creemos arbitrario sugerir que los dedos extendidos de María parecen estar colocando una corona sobre una cabeza invisible, mientras que el índice estirado de Uriel corta precisamente el espacio que correspondería al cuello. Esa cabeza virtual flota por encima del niño que está con Uriel... en definitiva, se le identifica de manera tan eficaz como si se le hubiese puesto una etiqueta porque, ¿cuál de los dos murió decapitado?”
“El evangelio de Felipe es siempre un buen punto de arranque.
Sophie lo leyó:
"Y la compañera del Salvador es María Magdalena. Cristo la amaba más que a todos los discípulos y solía besarla en la boca. El resto de discípulos se mostraban ofendidos por ello y le expresaban su desaprobación. Le decían: ¿Por qué la amas más que a todos nosotros?"
Aquellas palabras sorprendieron a Sophie, pero aun así no le parecieron concluyentes.
-Aquí no dice nada de que estuvieran casados.
-Au contraire -discrepó Teabing, sonriendo y señalándole la primera línea- Como le diría cualquier estudioso del arameo, la palabra "compañera", en esa época, significaba literalmente "esposa".”
“Hay algo más en los relatos gnósticos que los convierte en explosivos contra la Iglesia. La imagen que ofrecen de la relación entre María y Jesús no es sólo de maestro y discípula, ni siquiera la que pudieran tener un gurú con una adepta de su predilección. La relación se describe como bastante más íntima, a veces en términos sobradamente gráficos. Tomemos por ejemplo el Evangelio de Felipe:
"Pero Cristo la amaba más que a todos los discípulos y la besaba a menudo en la boca. Los demás discípulos se molestaron al verlo y le manifestaban su desaprobación diciéndole: ¿Por qué la amas a ella más que a todos nosotros? A lo que el Salvador les contestó y dijo: ¿Por qué no os amo a vosotros como la amo a ella?"
"En el mismo Evangelio gnóstico leemos la frase en apariencia inocua: "Eran tres las que siempre andaban con el Señor, su madre María, su hermana y la Magdalena, a la que llamaba su compañera. Su hermana, su madre y su compañera, las tres se llamaban María. Y la compañera del Salvador es María Magdalena."
Si bien hoy la palabra "compañera" puede tomarse como camarada, colega y amiga en sentido puramente platónico, en cambio la palabra griega original significaba consorte o pareja sexual.”
“Langdon trazó otro icono en el papel.
/\
-Éste es el símbolo original para lo masculino -le dijo-. Un falo esquemático.
-Bastante explícito -comentó Sophie-.
-Así es -añadió Teabimg.
Langdon prosiguió:
-Este icono se conoce normalmente como «la espada», y representa la agresión y la masculinidad. En realidad, este mismo símbolo fálico sigue empleándose hoy en día en los uniformes militares para denotar rango.
-Cierto -intervino Teabing con una sonrisa de oreja a oreja-. Cuantos más penes tienes, más alto es tu rango. Los chicos no cambiarán nunca.
Langdon hizo una mueca.
-Sigamos. El símbolo femenino, como ya imaginarás, es exactamente el contrario. -Dibujó otro icono en la hoja de papel-. Se le conoce como «el cáliz»
\/”
“La A es el símbolo arquetípico
masculino, la «hoja» mientras que la V es su
«opuesto igual», el arquetipo de lo femenino, el
«cáliz».”
“La primera vez que Langdon vio la
película se quedó boquiabierto al comprobar que el cuadro que
decora el hogar submarino de Ariel no es otro que Magdalena
Penitente, la famosa pintura de Georges de la Tour del siglo XVII,
un homenaje a la denostada María Magdalena, muy adecuado, por otra
parte, teniendo en cuenta que la película resultaba ser un collage
de noventa minutos con descaradas referencias simbólicas a la
santidad perdida de Isis, de Eva, de Piscis, la diosa pez y,
reiteradamente, de María Magdalena.”
“Una amiga mía de siete años,
llamada Sarah, me señaló una curiosa anomalía en los primeros
minutos de la película de Walt Disney La Sirenita. La pintura que
la pequeña muchacha-pez Ariel había salvado de un galeón naufragado
y que conservaba entre sus tesoros, era la Magdalena penitente del
pintor francés del siglo XVII, Georges de la
Tour.”
“El nombre de la sirenita, Ariel,
poseía estrechos vínculos con la divinidad femenina, y en el Libro
de Isaías es sinónimo de «la ciudad santa
sitiada».”
“Ariel es otro nombre de Jerusalén,
que el libro de Isaías emplea como sinónimo de la «ciudad
humillada».”
“No sé si tu abuelo te lo mencionó
alguna vez cuando jugabas con él al Tarot, Sophie, pero la baraja
es un «catecismo visual» que explica la historia de
la Doncella Perdida y de su opresión por parte de la malvada
Iglesia.”
“Así tiene que ser. Usando un juego
metafórico, los seguidores del Grial ocultaban su mensaje de la
todopoderosa mirada de la Iglesia.”
“Las picas eran las espadas –el filo. Lo masculino.
Los corazones eran las copas –el cáliz. Lo femenino.
Los tréboles eran las varas –el linaje real. La descendencia floreciente.
Los rombos eran los pentáculos –la Diosa. La divinidad femenina.”
“Fueron esos triunfos los que en las
barajas originales ilustraban los dogmas efectivos y la historia de
la iglesia clandestina del Grial. Ninguna de las autoridades en el
tema parece conocer exactamente por qué los triunfos de la baraja
del Tarot fueron tachados de subversivos. Ello se debe en parte a
que copistas posteriores oscurecieron los significados originarios
de los símbolos. Únicamente los pintores de las primeras barajas
conocían con precisión lo que estaban
ilustrando.”
“El palo de picas era
originariamente una espada, la «hoja» masculina. Las
losas de las tumbas de los caballeros templarios están marcadas de
forma casi invariable con una espada. En el simbolismo originario
de las cartas el palo de los corazones era una copa o cáliz.
Simbolizaba también el Grial y la iglesia alternativa, uno de cuyos
epítetos era el de iglesia del
amor.”
“El palo de diamantes se llamó
originariamente «pentágonos», nombre de la estrella
de cinco puntas, símbolo oculto del
varón.”
“Tal vez el palo más significativo
fuese el de los tréboles, que en las versiones más antiguas del
Tarot era una vara o báculo florecido, un
cetro.”
“El palo de tréboles de nuestras
barajas de cartas modernas es una clara referencia al linaje
dinástico de los reyes de Israel y al mandato divino que les otorga
el gobierno. Estilizados ahora en nuestras barajas modernas, los
emblemas originales de los cuatro palos fueron símbolos claros e
intencionados de la herejía del
Grial.”
“Cuando era un joven estudiante de
astronomía, Langdon se sorprendió al saber que el planeta Venus
trazaba un pentáculo perfecto en la Eclíptica cada ocho
años.”
“El símbolo estaba consagrado a
Venus, por cuanto la órbita del planeta, que lleva el nombre de la
diosa del amor, forma un pentágono perfecto con relación al Sol
cada ocho años.”
“Sophie –prosiguió Langdon-,
la tradición del Priorato de perpetuar el culto a la diosa se basa
en la creencia de que, en los primeros tiempos del cristianismo, es
decir, durante los albores de la Iglesia, sus representantes más
poderosos «engañaron» al mundo, no le dijeron la
verdad, y propagaron mentiras que devaluaron lo femenino y
decantaron la balanza a favor de lo
masculino.”
“La hostilidad hacia las mujeres se
fundaba en la posición adoptada por los padres de la Iglesia, la
cual se basaba en parte en la historia de Adán y Eva en el jardín
del Edén (Génesis 2-3). Los escritos de los santos padres y muy
particularmente los del siglo V, Agustín de Hipona (354-430) y
Jerónimo (342-420), enjuiciaban a las mujeres como moral y
espiritualmente inferiores a los
varones.”
“La libertad y la igualdad, que el
mensaje cristiano había traído a mujeres, esclavos y extranjeros,
al cabo de apenas cien años de su comienzo, fueron cuestionadas por
los varones que ocupaban el poder y se formularon nuevas
orientaciones para el comportamiento ético y la práctica religiosa.
La era de la asociación y compañerismo había tenido una vida fugaz
y fue suplantada por el retorno al papel dominante del varón y la
correlativa subordinación de las mujeres en la Iglesia y en la
sociedad en general.”
“-Ah, sí, claro. La espada
representa todo lo masculino. Creo que se dibuja así, ¿no?
–Con el dedo índice en la palma de la otra mano trazó una
forma.
-Sí –dijo Langdon. Marie había dibujado la forma
«cerrada» de la espada. Langdon había visto el
símbolo representado de las dos maneras.
-Y el triángulo inverso –prosiguió ella dibujándoselo en
la palma de la mano-, es el cáliz que representa lo
femenino.”

“Pero si eso es la estrella de Dav...
Se detuvo en seco, mudo de asombro al darse cuenta.

«La espada y el cáliz.»
«Fundidos en uno.»
La estrella de David... la unión perfecta entre hombre y
mujer..., el sello de Salomón... que marca el sanctasantórum, dónde
se creía que moraban las deidades masculinas y femeninas, Yahweh y
Shekinah.”
“De manera consciente o inconsciente
el «cáliz» de la V es una invocación a la diosa.
Representa el principio femenino del Eros/asociación. Pero la V no
puede estar sola. Una sociedad basada en el modelo

seguramente se derrumbaría. Sigue necesitando, y lo
necesitará siempre, del complemento del Logos/razón, que se
manifiesta en la ley, el orden, la disciplina y el dominio de sí
mismo, para así producir el equilibrio vivificante del
”
“La tradición rabínica judía enseña
que el Arca de la Alianza, que se conservaba en el Santo de los
Santos del templo de Salomón, en el Monte Sión de Jerusalén, no
sólo contenía las tablas en las que estaban escritos los Diez
Mandamientos sino también «un hombre y una mujer íntimamente
abrazados en la forma de un
hexagrama».”
“Una investigación reciente sobre el aspecto
femenino de Dios en la tradición hebrea revela que el Santo de los
Santos, era la cámara nupcial, en la que se consumó la unión de
Yahvé, el Santo e invisible, con su complemento la
Shekinah.”
Queda así demostrada la profunda “investigación”
realizada por Dan Brown que se ha limitado a leer cuatro libros
absolutamente disparatados, a creerse su contenido y a tomar de
cada uno de ellos lo que le interesó para sostener “su”
teoría. Pero con ser esto muy divertido hay cosas que lo superan.
Por ejemplo dice Brown:
“Y también se decía que las radiografías
realizadas a la Mona Lisa revelaban que, originariamente, Leonardo
la había pintado con un colgante de lapislázuli de la diosa Isis,
detalle que más tarde decidió eliminar pintando otra cosa encima.
Langdon nunca había visto ninguna prueba de la existencia de aquel
colgante, ni imaginaba de qué manera podía servir para revelar la
existencia del Santo Grial, pero los aficionados al Grial no se
cansaban de comentar y debatir aquel dato en los foros y en los
chats especializados en Internet.”
¿De dónde surge ese dato? Pues de que alguno ni sabe leer ni sabe qué
es lo que lee:
“-Al contrario, querida sobrina –se
acaloró Vossius-, Leonardo pintó este collar con toda intención y
también fue su intención hacerlo desaparecer al final cubriéndolo
con una capa de pintura color carne.”
El único “problemilla” es que se equivocan de cuadro porque no
es en la Mona Lisa sino en la Virgen en el rosal, cuadro
supuestamente conservado en el Louvre y, en realidad, inexistente.
Además en el collar tampoco hay lapislázuli sino diversas piedras
preciosas que transmiten el mensaje que da inicio a la trama... de
la novela porque eso es El quinto Evangelio.
Si ni como obra literaria ni como escrito esotérico El código da Vinci
presenta nada que pueda considerarse como original, ¿qué demonios
hizo Dan Brown? Pues además de “forrarse”, sí hizo una
contribución propia. Sembrarla de los errores más divertidos que se
han visto en años, nueva prueba de la labor
“investigadora” del autor. A continuación veremos sólo
alguno de ellos.
El código Da Vinci como enciclopedia del disparate
“Como tributo a la magia de Venus, los griegos
tomaron como medida su ciclo de cuatro años para organizar sus
Olimpiadas.”
Pues queda muy divertido, pero las Olimpiadas no tienen nada que ver con
Venus (que, por cierto, es una diosa romana y no griega) porque una
olimpiada es el periodo de cuatro años que discurre entre dos
Juegos Olímpicos que se celebraban en honor de
Zeus.
“A los dieciocho años, en una ciudad
portuaria, mientras intentaba robar una caja con jamones curados de
un barco carguero, le pillaron dos miembros de la
tripulación. [...] El joven le
rompió el cuello a uno con la fuerza de sus manos, y sólo la
llegada de la policía salvó al otro de un destino
similar.
Dos meses después, con grilletes en pies y manos, llegó a
la cárcel de Andorra.”
Esto nos deja con la duda de si Dan Brown cree que en Andorra hay alguna
“ciudad portuaria” o si imagina que Andorra es una
colonia penitenciaria de Francia. Porque si no me van a explicar
cómo un francés que comete un delito en Francia acaba cumpliendo
condena en el Principado.
“Al borde de la inconsciencia, al amanecer se
encontró en un claro donde unas vías de tren se adentraban en el
bosque. Las siguió avanzando como en sueños. Vio un vagón de carga
vacío y se montó en él en busca de refugio y
descanso.”
No me extraña que estuviera “al borde de la
inconsciencia”. Sin duda era fruto de la emoción de encontrar
un tren en Andorra, sólo comparable a la de encontrar un puerto y
por la misma razón, porque no hay ninguno.
“-No te preocupes. Yo me llamo Manuel
Aringarosa. Soy misionero, de Madrid. [...]
-¿Dónde estoy? –preguntó él con una voz que le sonó hueca.
-En Oviedo. Al norte de España.”
No, si va a terminar teniendo razón la Iglesia acerca del laicismo de la
sociedad española. Ya hasta tienen que enviar misioneros a
Oviedo... ¡Menos mal que Dan Brown se supone que vivió en España
(asegura que la idea para El código da Vinci se le ocurrió
cuando estudiaba Arte en Sevilla) que si no...!
“Durante trescientos años de caza de brujas, la
Iglesia quemó en la hoguera nada menos que a cinco millones de
mujeres.”
Pues el disparate queda muy divertido, pero la justicia civil también
persiguió la brujería, se condenó a hombres y mujeres y lo de cinco
millones no se lo cree ni Dan Brown.
“A través de la penumbra rojiza, vio que la
mujer había arrancado el cuadro de los cables que lo sujetaban y lo
había apoyado en el suelo, delante de ella. Su metro y medio de
altura casi le ocultaba el cuerpo por
completo.”
Pues éste es uno de los casos en los que el tamaño sí importa, porque si
con la Virgen de las Rocas delante de ella todavía se veía parte de
su cuerpo, Sophie podía intentar ser jugadora de la WNBA porque el
cuadro no mide metro y medio sino casi dos (198 centímetros para
ser exacto).
“El hecho de que Jesús pasara a considerarse
«el hijo de Dios» se propuso y se votó en el Concilio
de Nicea.”
A Jesús se le consideraba hijo de Dios mucho antes del año 325 (fecha
del Concilio de Nicea). Los Evangelios se escribieron entre los
años 75-110 y ya sus autores lo pensaban así.
“Como Constantino «subió de categoría» a Jesús cuatro siglos después de su muerte...”
Veamos. Si el ascenso de categoría, según Brown, se produjo en
el año 325 y eso fue cuatro siglos después de la muerte de Jesús,
eso quiere decir que Jesús murió en el año 75 antes de sí mismo, lo
que no deja de resultar curioso.
“Los merovingios fundaron París.”
Pues no. Los merovingios se encontraron París perfectamente fundada y
desde mucho tiempo atrás porque París es la Lutetia Parisiorum
romana, la capital del pueblo galo de los
Parisios.
“A la mayoría los quemaban en la hoguera y los
arrojaban al Tíber sin más ceremonias. ”
Sin más ceremonias, pero después de atravesar unos cuantos kilómetros
con las cenizas a cuestas. Si se quiere referir a cuestiones como
la ejecución de Jacques de Molay, ésta tuvo lugar en la Isla de los
Judíos en París, ciudad que es atravesada por el río Sena, no por
el Tíber.
Si quería hacer una referencia al papado, lamento comunicarles que la
Santa Sede se había transladado a Avignon, ciudad que es bañada por
el río Ródano. En cualquiera de ambos casos, el Tíber no pinta nada
en esta historia.
Conclusión
Hemos visto
cómo se perpetró una de las mayores faltas de respeto que se
recuerden de un escritor hacia su público. El código da
Vinci es, sencillamente, un refrito de textos anteriores, una
explotación de temas ya tratados hasta la saciedad, que pretende
hacerse pasar por una obra original y valiente sin ser ni una cosa
ni otra.
Sorprende, ante tal cúmulo de disparates, la falta de reacción
escéptica. Los críticos literarios cumplieron con su obligación,
juzgar esta obra como el bodrio que es. La Iglesia también denunció
los errores que contiene el texto de Dan Brown. Los escépticos no
quisieron enterarse. El pretexto de que es una obra de ficción fue
suficiente para, una vez más, no hacer nada.
Ya hemos
hablado del verdadero carácter de este escrito. Tal vez convenga
repasar también algunas consecuencias del éxito de El código da
Vinci. Por de pronto consiguió que se reeditara el antiguo
El enigma sagrado. También, aprovechando que el Pisuerga
pasa por Valladolid, Círculo de Lectores volvió a poner en
circulación La revelación de los Templarios. Planeta sacó
partida del asunto editando por primera vez en nuestro país
María Magdalena y el Santo Grial y, de paso, realizó una
operación de markéting perfecta con El último merovingio
mudando su título original (Kingdom come) en el que para
nada se menciona a los merovingios para poder así relacionarlo con
un tema que sí aparece en El código da Vinci. Para subrayar
esta relación entre ambos títulos, Planeta incluyó un resumen en la
contraportada en el que se menciona al Priorato de Sión (que no figura
con esa denominación en toda la novela puesto que, como ya
dijimos, aparece con el nombre de Sociedad Magdala). Otra obra que
nadie había querido publicar en España Ángeles y demonios
del propio Dan Brown (y que es anterior a El código) terminó
por vez la luz en nuestro idioma.
Todo ello, sin más oposición que la de la Iglesia Católica. No es
extraño que en los debates sobre este libro que se realizaron en
radios y televisiones no hubiera más que religiosos y autores
esotéricos.
Así pues, ni hubo respuesta a la novela ni a la avalancha de
reediciones o de publicaciones de textos que ya ni siquiera admiten
la excusa de “es que son unas novelas” porque no lo
son. Si la sociedad esperara algo de nosotros sería que, en estas
ocasiones, diéramos información que permitiese llegar a sus propias
conclusiones a las personas interesadas. Con profunda vergüenza
debemos reconocer que hemos fallado, que por vagancia,
desconocimiento... no hemos estado a la altura exigible. Ésta es
una buena ocasión para reflexionar sobre nuestros propios
errores.
Referencias

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